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Notas Técnicas
24/01/2013
Recomendaciones para una correcta vacunación
 

Nota Técnica por el Ingeniero Oscar Ferrari

“En la mayoría de los casos, la vacunación resulta ser el método más recomendable por su practicidad, seguridad, efectividad y economía en la prevención de las enfermedades que afectan la salud del rodeo causando importantes pérdidas económicas”.

Es una de las operaciones de manejo más importantes para la prevención de las enfermedades que afectan al rodeo. Si bien es común que la realice el productor o el personal, es imprescindible que, al igual que los otros tratamientos farmacológicos, haya sido indicada por el médico veterinario, responsable del plan sanitario del establecimiento.

La vacunación consiste en estimular los mecanismos de defensa específicos del animal provistos por el sistema inmune a los efectos de protegerlo contra una enfermedad.

Por un concepto equivocado en el medio rural, se debe advertir que la administración de cualquier medicamento por vía inyectable no es una vacunación. Cuando se dosifica un complejo vitamínico – mineral, un antibiótico, cobre, o un antiparasitario no se está vacunando, se están administrando determinados medicamentos por vía inyectable.

Esta diferenciación conceptual es clave para tomar conciencia en el momento del manejo de este importante recurso.

Cuando se vacuna se están utilizando productos biológicos que requieren un manejo específico para obtener de ellos la respuesta esperada. Se recomienda tomar ciertos recaudos a la hora de proceder con la vacunación. Entre otros, por ejemplo, los animales antes de vacunarlos tienen que estar descansados y tranquilos. Si no se encuentran en este estado es conveniente dejarlos solos, unos veinte minutos aproximadamente, para que se tranquilicen.

Pero, ¿cuál es el fundamento de la vacunación? En primer lugar se tiene que saber que el organismo cuenta con un mecanismo de defensa complejo contra las agresiones de gérmenes (bacterias, virus, hongos, parásitos, etcétera) a través del denominado sistema inmune.

La respuesta del sistema inmune es diferente si el agresor es conocido o desconocido. Una vez que es conocido, la respuesta inmune es mucho más efectiva ya que es más rápida, potente y duradera.

En primovacunación, ¿hay que repetir la vacuna al poco tiempo?

Por medio de la vacunación se simula en un animal una infección que no enferma pero que sí deja la protección de anticuerpos y células fagocíticas protectoras.

Las vacunas elaboradas por los laboratorios contienen el agresor, es decir el agente causal de la enfermedad (en su mayoría bacterias o virus), pero sin la capacidad de enfermar. De esta manera, al haber sido inactivado (vacuna muerta) o modificado (vacuna viva modificada) el agente causal en el laboratorio, es posible mediante la vacunación estimular el sistema inmune del animal (generar inmunidad) sin provocar la enfermedad. Esto derriba un mito que asegura que la vacunación puede provocar una enfermedad o aumentar la intensidad de una en curso. La vacuna es preventiva. Hay que considerar que no todos los animales del rodeo se enferman simultáneamente. Entonces, vacunándolos se logran inmunizar a los que todavía no han contraído la noxa.

El estado ideal de protección absoluta lo concede la naturaleza en el ternero luego de recibir el calostro de la madre, que formó los anticuerpos. Este estado no se vuelve a producir en la vida del animal, pero las vacunas recrean en gran medida esta protección anticipada a las enfermedades.

Se vacuna para lograr que el sistema inmune del animal sea capaz de desarrollar una respuesta más rápida, potente y duradera al encontrarse con un agresor ya conocido. En definitiva, se busca adelantarse para lograr una respuesta inmune más efectiva frente al eventual primer contacto con la bacteria o virus capaz de enfermar.

El esfuerzo de producir los anticuerpos lo realiza el animal frente al estímulo de la vacuna que se aplica. Este trabajo de anticuerpos y células protectoras lleva un tiempo mínimo de 7 a 15 días en una primovacunación y de 5 días en la revacunación o segunda dosis.

Para generar la protección vacunal se necesita lograr la persistencia antigénica, y esto requiere dar una dosis inicial de la vacuna para obtener una Respuesta Primaria. Su misión será la de ir generando, por selección clonal, el grupo de células B de memoria (leucocitos) que quedarán de por vida en el animal. Por otro lado, se empiezan a producir los anticuerpos de protección a partir de los 7 días, pero de bajo nivel, cuya duración en general es de 30 a 60 días.

Para lograr una inmunoprofilaxis eficaz se debe cumplir con la segunda dosis o “refuerzo”, obteniéndose la Respuesta Secundaria o Booster que, debido a que multiplica y transforma las células B de memoria en células plasmáticas que elaboran gran cantidad de moléculas de anticuerpo - con lo cual la tasa de protección sube rápidamente -, logra mantenerse varios meses en forma eficaz. El uso de adyuvantes, como los de aluminio o las emulsiones oleosas, tiene como fin incrementar el estímulo vacunal para amplificar la cantidad de anticuerpos producidos.

Cualquier refuerzo que se aplique dentro de los 6 meses incrementará notablemente la protección y título de anticuerpo, siendo un recurso útil frente a la incidencia de una enfermedad en particular.

Este esquema general de vacunación se aplica para vacunas muertas y sus componentes como toxinas, subunidades, etcétera.

En las vacunas vivas, como las que protegen del Carbunclo bacteridiano, el comportamiento es particular para cada caso y su aplicación específica.

Para la vacunación antiaftosa y contra la Brucelosis se deben seguir las políticas sanitarias del SENASA.

La respuesta a la vacunación depende de múltiples factores, relacionados con el animal (nivel nutricional, parasitosis, estrés, inmunosupresión viral, etcétera.), con la vacuna y la forma de manejo y con la administración de la misma (cadena de frío, vía y dosis). El solo hecho de vacunar no garantiza la protección contra la enfermedad (ver tabla 1).

Párrafo especial merece la cadena de frío. Esta no debe cortarse por ningún motivo desde el laboratorio elaborador hasta su aplicación. Lamentablemente se sufren cortes involuntarios por interrupciones en el suministro eléctrico o por negligencias. Entre estos últimos se pueden mencionar: se retira la vacuna de la veterinaria y se demora en demasía en volverla a colocar en la heladera sin comprobar si los refrigerantes no se han descongelado, la conservadora puede estar mal sellada con cinta plástica, mientras se vacuna se guarda el frasco en uso en el bolsillo o permanece en la mano, se deja el frasco y/o la jeringa cargada al sol, etcétera.   

Tabla 1: Principales causas de fallas en la vacunación.

 

  • El animal puede haber estado incubando la enfermedad al ser vacunado.
  • La vacuna no es efectiva (por exposición al sol, al calor, o a condiciones climáticas adversas).
  • El sistema inmunitario del animal no responde.
  • El animal fue expuesto a una dosis baja del agente.
  • La duración de la inmunidad no fue la adecuada.
  • Era necesario un refuerzo.
  • Diferencias antigénicas entre la vacuna y la cepa actuante.

 

Fuente: adaptado de Programas de Preacondicionamiento: vacunación, nutrición y manejo. C. Stoltenow (NDSU Extension Veterinarian) y G. Lardy (NDSU Extension Beef Specialist). AS-1160, 1999. Citadopor Marcantonio, S., 2006.

 

Por eso es imprescindible que los animales se encuentren en las mejores condiciones para que su sistema inmune sea capaz de responder y que la vacuna al momento de ser administrada conserve su máxima potencia para generar inmunidad (ver tabla 2).

Tabla 2: Recomendaciones durante la vacunación.

  • Respetar las fechas de vencimiento de las vacunas.
  • Comprar la cantidad de producto que se va a necesitar en el plazo inmediato.
  • Respetar la cadena de frío. Mantener siempre los frascos en la conservadora con suficiente refrigerante y al abrigo del sol.
  • No mezclar vacunas en la misma jeringa.
  • Usar agujas para cargar las vacunas diferentes de las que se utilizan para aplicarla en los animales.
  • Agitar bien el frasco antes de cargar. El frasco debe agitarse muy bien para que se mezcle su contenido y hay que dejarlo reposar unos instantes para eliminar las burbujas de aire.
  • Purgar las jeringas para asegurar la correcta dosificación. Hay que verificar que no queden burbujas de aire en el interior. La jeringa debe estar bien lubricada y se tiene que controlar que no registre pérdidas.
  • Elegir la mejor vía de administración y el mejor sitio de aplicación. Si el producto tiene aprobadas las vías intramuscular y subcutánea, hay que optar por la subcutánea que no daña las masas musculares. Si sólo tiene aprobada la vía intramuscular, hay que elegir las masas musculares de poco valor como la tabla del cuello.
  • Elegir la aguja de tamaño adecuado. La dimensión de la aguja a utilizar depende del tamaño del animal, de la ruta de administración y de la viscosidad del producto inyectable.
  • La aguja se debe cambiar periódicamente. El SENASA recomienda hacerlo cada 50 animales vacunados y colocar una nueva antes de comenzar una nueva vacunación. En el caso de vacunaciones oficiales hay que usar agujas nuevas por cada establecimiento. Las agujas desafiladas producen desgarro en los tejidos musculares que pueden derivar en abscesos.
  • Mantener la higiene del instrumental. Luego del servicio se tienen que desinfectar los equipos y se deben realizar los tratamientos adecuados de los residuos en la manga.
  • Se tiene que proceder al tapado de los frascos para su posterior eliminación. Al material de vidrio y de plástico se lo tiene que colocar en una bolsa plástica gruesa (200 µ), abierta  y meterla en un tarro de 20 litros con un litro de lavandina cada 10 litros de agua, por lo menos durante 30 minutos, para luego sacar la bolsa con los residuos y enviarla al depósito de envases de agroquímicos. El material de vidrio debe ser enterrado.

 

Fuente: adaptado de Buenas Prácticas de Manejo. Administración de Medicamentos al ganado. Dave Prichard, Ronnie Hartzog, Sharon Fox Gamble y Ed Jennings. Universidad de Florida, enero de 2002. Citado por Marcantonio, S., 2006. De Curró Claudia, Veterinaria Argentina, 2009 y de Álvarez, A., Tesina Nº 228, UB, 2008.

¿Cómo vacunar correctamente?

 El desplazamiento de los operarios en la manga siempre tiene que ser de adelante hacia atrás.

Figura 1: desplazamiento de los operarios en la manga.

 

 

                                  Fuente: Álvarez, A., Tesina Nº 228, UB, 2008.

La figura 1 muestra como desplazarse en la manga para que los animales avancen. Las flechas azules marcan hacia donde tiene que caminar el operario. Cuando la persona camina hacia atrás, va pasando los puntos de balance de cada animal, los que se encuentran a la altura de la cruz. Esto hace que los animales avancen. Se sigue la línea verde para salir de la zona de fuga y volver desde delante de la misma manera. Una vez que se llena la manga es conveniente que la puerta de salida y de entrada estén siempre cerradas. Una vez quietos los vacunos, se procede a vacunar.

Se debe capacitar y entrenar al personal para que tome conciencia de la tarea a realizar. Un aspecto clave es evitar que esta maniobra se transforme en una carrera en la cual el ganador es quien “vacuna más animales por hora”.

Pero generalmente sucede que las personas encargadas de llevar adelante esta operación desconocen su correcta implementación y las consecuencias de un mal procedimiento. Esto se ve reflejado luego en el frigorífico donde se les debe extraer gran cantidad de carne de la parte de la media res donde fue mal vacunado por los abscesos que se les crean. La extracción la lleva a cabo personal de SENASA que ha sido previamente entrenado antes de que pasen por la balanza  para determinar el peso y el rinde que tuvo el animal.

Los abscesos purulentos y las fibrosis musculares son producto, en general, de una mala práctica mecánica y de asepsia en la administración de las vacunas.

Las vacunas mal aplicadas producen abscesos que son decomisados antes que la res se pese.  Por lo tanto, no es una pérdida directa del frigorífico sino del productor. En todo caso el frigorífico pierde una contribución marginal por los kilos decomisados. Luego de que el animal ingresa a la despostada, por lo general, se continúa sacando parte del absceso que se ramificó en el músculo.   Todo esto representa una pérdida monetaria por mal manejo para el productor y para la industria.  Se pierde en promedio entre 1 y 1,200 kg de carne por animal.

En las fotografías se pueden apreciar medias reses a las que les han sido extraídos los abscesos que presentaban por una mala aplicación de vacunas.

 

 La aplicación se tiene que realizar en la mitad superior del medio del cogote (punto 4 en color azul, en la figura 2), a diez centímetros del borde superior, en forma intramuscular y perpendicular a la piel, dejando un instante sin retirar la aguja para evitar la pérdida de volumen de dosis por el goteo posterior, que se produce al retirarla rápidamente.

 

Figura 2: zonas correcta e inconvenientes para aplicar una vacuna intramuscular.

                                    Fuente: Álvarez, A., Tesina Nº 228, UB, 2008.

 

 Nunca hay que vacunar en el dorso, lomo y grupa, ya que en esas regiones se localizan los cortes de mayor valor comercial (puntos 1, 2 y 3 de color rojo en la figura 2).

  Hay que poner especial atención los días ventosos, lluviosos y con la presencia de barro en los corrales, para evitar que se contamine la zona en la cual se aplicó la vacuna.

 Se tiene que evitar la presencia de perros en los corrales, ya que provocan estrés en los animales encerrados.

La jeringa

 Es un instrumento infaltable en cualquier explotación pecuaria. Se tiene que prestar especial cuidado a su limpieza e higiene. Se la debe lavar y hervir después de cada uso. No hay que usar desinfectantes químicos cuando se aplica una vacuna viva (Brucelosis, Carbunclo bacteridiano), excepto que se enjuague muy bien con agua.

 Hay que lubricarla con productos apropiados para ese fin. En el mantenimiento hay que realizar un periódico recambio de émbolos y arandelas. Se tienen, también, que revisar el gatillo y el dispositivo dosificador. Muchas veces, por su mal funcionamiento se está sobre o subdosificando; adjudicándole culpas que no tienen a los laboratorios, cuando por esta causa la respuesta de las vacunas no es la esperada. Esto lleva a ser poco o nada eficiente en cuanto a la calidad del trabajo sanitario. Se están cometiendo errores, los cuales provocan un perjuicio económico. Las vacunas tienen un costo y si no se las usa y aplica como corresponde, se transforma la inversión en un gasto.

Las agujas

 Deben ser los elementos de más bajo costo, y sin embargo, son a los que menos importancia se les presta. La aguja consta de un cono para acoplarla a la jeringa y un bisel afilado, que permite introducirla en los tejidos del vacuno para inyectar la vacuna. Tiene una vida útil limitada, ya que se deteriora porque se dobla el cuerpo, la punta o se desafila.

 A las agujas, al igual que las jeringas, después de cada uso hay que limpiarlas y hervirlas.

 Cuando por cualquier causa, la punta de la aguja se dobla, lo común y cotidiano de ver en las mangas es que el personal procede a enderezarla apoyando el extremo contra un poste o tabla de la manga y continúe después realizando tranquilamente su trabajo. Esta aguja así “reciclada” es un elemento traumático para los tejidos, ya que ese extremo se convierte en una especie de anzuelo, que al retirar la aguja, luego de la inyección, se transforma en un elemento lacerante que mortifica a los tegumentos y abre la puerta a infecciones y abscesos.

 El extremo biselado de la aguja se desafila con el uso, por lo que si no se la reemplaza periódicamente cuando se la clava actúa como un sacabocados, introduciendo un pequeño taco de piel en los tejidos con la consecuente producción de abscesos.

 Para concluir, contar con una adecuada cantidad de agujas no implica un gasto.

Vacunaciones específicas en un rodeo de cría

 Las vacunas son una herramienta básica y jerarquizada de la producción, pero su uso requiere una minuciosa secuencia y forma de aplicación.

 El objetivo de esta práctica se basa en el conocimiento que algunas enfermedades como las diarreas y las neumonías aparecen en los primeros 30 a 60 días de vida, por lo que el animal en esta etapa tiene muy poca capacidad para producir anticuerpos en cantidad y con la velocidad suficiente como para luchar contra un agente infeccioso. La madre, entonces, constituye una importantísima productora de anticuerpos que los transmitirá en altísimas concentraciones a través del calostro, brindando protección al ternero.

 Pero esto se requiere la práctica siguiente:

1) Las madres que se vacunan por primera vez contra las enfermedades en cuestión deben recibir doble vacunación a partir del 6º - 7º mes de preñez (primera vacunación) y en el 8º mes, la segunda vacunación. Este plan se mantendrá en el segundo año, si en el establecimiento existe una larga historia de la enfermedad con características epidémicas, de lo contrario, toda madre que en el primer año recibió la doble vacunación, a partir del segundo año, recibirá solamente una.

2) Un aspecto muy importante a tener en cuenta es facilitar el buen calostrado del ternero en las primeras 8 a 10 horas de vida, ya que hasta ese momento, los anticuerpos que pasan por el calostro se absorben a través del intestino, descendiendo este proceso con el paso de las horas. A las 24 hs los anticuerpos calostrales que ingresen actuarán a nivel de la luz intestinal, pero no en el torrente circulatorio, que es lo que más interesa.

 A partir de los 60 días de edad del ternero en adelante, siempre que haya recibido una buena alimentación y manejo en condiciones higiénicas adecuadas, podrán  aplicarse diferentes vacunas como Carbunco Sterne, clostridiales, para la prevención de diarreas y neumonías producidas por diversos agentes, entre ellos: IBR, DVB, Parainfluenza 3, Virus Respiratorio Sincicial, Rotavirus, Coronavirus, pasteurellas, enterobacterias, Haemophilus, entre otras. Se comprende que el asesoramiento veterinario permitirá realizar cambios dados por la problemática productiva, el tipo de vacuna, si es de adyuvante oleoso o acuoso, o el agregado de otras, como la que previene la Queratoconjuntivitis Infecciosa Bovina que afecta al ternero, principalmente, en el destete.

Para lograr un ternero por vaca por año, es necesario mantener una buena sanidad tanto en la futura madre como en el toro.

 En estos casos, tratándose de enfermedades que de diferente manera afectan al aparato reproductivo, se recomienda vacunar ambos entre los 60 días (primera  vacunación) y 30 días (segunda vacunación), antes del servicio para lograr una buena respuesta inmunitaria. Este plan es para animales primovacunados, ya que si lo han recibido en el primer año, en el segundo año se realizará una sola vacunación entre los 60 y 30 días preservicio, siempre que circunstancias excepcionales no indiquen lo contrario. En este esquema se considera la prevención contra Rinotraqueítis Infecciosa Bovina (IBR en inglés), Diarrea Viral Bovina (DVB), Leptospirosis,

Haemophilus y Campylobacteriosis.

 Los laboratorios elaboradores poseen diferentes vacunas combinadas para el combate de las enfermedades mencionadas que permiten un mejor y fácil manejo.

La vacunación como un trabajo seguro

Dentro de los trabajos en la manga, la vacunación presenta importantes riesgos, sobre todo cuando se trabaja con vacunas de “agentes vivos”. Si existen errores en el manipuleo o en el mecanismo de las jeringas se pueden producir autovacunaciones o el líquido derramado puede ser absorbido por vía dermal, respiratoria o conjuntival. Pueden ocasionarse con este accidente enfermedades zoonóticas o reacciones inflamatorias o alérgicas graves que deberán ser tratadas de inmediato.

 

 

Por Oscar Ferrari.

oferrari@delsector.com

Ingeniero agrónomo. Director de Difusión ganadera.

 

 
 

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